lunes, 4 de junio de 2018

XIII ANIVERSARIO DE LA BENDICIÓN DE NUESTRA SEÑORA DE LA ALEGRÍA



Amor, comprensión, ternura. Esas son las sensaciones que nos transmites Madre, Madre de la Alegría y Madre de nuestro Señor Resucitado. Esas son las emociones de las cuales tus ojos son capaces de transmitirnos a todos. Ojos que por nosotros se preocupan, ojos que velan por nosotros. Y yo lo sé bien. En momentos cruciales de mi vida has sido capaz de tenderme una mano. Esos momentos en los que no puedes desahogarte con sólo verte la cara he podido llorar en silencio delante de nuestra capilla, porque comprendí que siempre estarás ahí, que todo irá bien. Siempre estarás para ayudarnos a sacar fuerzas y seguir nuestro camino, creando esa voz en nuestra cabeza que te insta a luchar… “yo siempre estaré aquí para escucharte”. Y yo siempre estaré aquí para ti Madre.

Aún recuerdo la primera vez que te vi. Rondaba el año 2009. Como todos los años, acudí a ver los pasos montados en la Iglesia Mayor de nuestra ciudad. Ahí estabas tú. Iluminabas todo a tu alrededor, montada en tu palio, todavía vestida de hebrea. Por aquel entonces tenía solo 13 años, Madre, y bien sabía ya que serías un pilar esencial en mi vida. A día de hoy, 9 años más tarde, orgullosa me siento de ser tu camarista. Poder tenerte tan cerca y ayudarte a ponerte aún más guapa si cabe. Gracias a David, nuestro vestidor, he podido comprender la delicadeza y la devoción verdadera. Quería servirte de alguna manera Madre, y aquí me tienes.

Hoy celebramos un año más el tenerte entre nosotros y tus ojos me miran con calma y tranquilidad. Tu sonrisa sigue ahí cada día, brillando como siempre lo has hecho y harás. Ahora te pido, en este día de tu "cumpleaños", que sigas repartiendo a todos tus fieles algo que conoces muy bien: alegría, esperanza y luz.

Porque te lo mereces todo. Por y para ella. YO SOY DE LA ALEGRÍA, ¿y Tú?


María Viñas Gallardo.



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