domingo, 27 de julio de 2014

PREGÓN DE 2005


Cristo ha resucitado. Para los cristianos de la Iglesia Católica y Universal, la resurrección de Cristo es el pilar básico donde se asienta toda la fe. La Pascua de Resurrección es la fiesta por excelencia de todo bautizado en la fe de Cristo.

Destruid este templo - su cuerpo - y lo reconstruiré en tres días. Cristo murió y resucitó para demostrar su divinidad y después de llegar al siglo veintiuno, aún hay quienes no creen en su resurrección, y es que hoy como ayer no es fácil para los terrenales acostumbrados a creer cuando ven y tocan, y si no ven y no tocan, no creen. 

¡Bienaventurados los que creen sin haber visto!

Jesús en su misericordia infinita ya nos veía; se acordó de nosotros, de los que vivimos en este siglo y empezó a ayudarnos para que creyéramos en Él.

La piedad cristiana se ayuda de la imagen bendita de Jesús en sus infinitas advocaciones. Jesús no rechaza que se le venere en las imágenes porque sabe que son caminos para llegar a Él. Por eso, en esta tierra escogida por Él, bendita por Él, a nuestras imágenes les hablamos, les pedimos, les rezamos, les cantamos y Él lo ve complacido y lo quiere y lo desea, como un Padre bueno que se complace en sus hijos amados.

La resurrección de Cristo aún sigue molestando a muchos porque saben que los vigila con el ojo de su justicia.
 
¿Cómo es posible que aún no crean en Tí?
  
Después de tu resurrección te has aparecido a los vivos; les ha hablado con tu voz; te has mostrado a los ascetas, a monjes, a santos, a puros e inocentes, a los humildes que son tus predilectos, y después de contemplarte, no han tenido otro deseo sino la muerte para estar contigo, y vivir la vida eterna que es el premio prometido.

En nuestra pobreza de hombres hechos de materia corruptible pero con un alma incorruptible y capaz de amar, nos acercamos una vez más a su y nuestra Bendita Madre de la Alegría.

No me cansaré de pedir a esta Madre donada por su Hijo a nuestro representado Juan, digo no me cansaré de pedirte Madre, no más catástrofes naturales; no más juventud irresponsable, no más juventud ociosa, que busca el bienestar donde no lo puede encontrar, robo, droga, asaltos, pendencias… No más guerras cruentas ni despiadadas, por un pedazo de tierra estéril; no más niños desamparados por las separaciones matrimoniales; Madre te pido por los ancianos que viven en soledad, por los enfermos que tienen la esperanza de ser curados y sus ojos no se apartan de Ti; por los parados que buscan el sustento de sus familias y no lo encuentran; por los presente, cofrades y no cofrades, para que los ilumines, para que sus buenos afanes se cumplan; y por mi familia, y por mi atrevimiento al ponerme delante de estos fieles acompañantes y decirles que yo debo ser el primero en dar ejemplo; sé que me oirás porque Tú eres camino seguro para encontrarse con Él; eres la puerta del Cielo que se abre con tu mano amorosa; eres el Arca donde guardamos nuestras buenas obras; eres la Estrella de la mañana, Carmen del mar y dueña del amor marinero; eres Rocío que refresca, Pastora que cuida de nosotros, tu rebaño y Reina de sueños marismeños; eres auxilio de los cristianos ante las adversidades de la vida... y toda la Letanía de tu Santo Rosario me parece pequeña para ensalzar todas las virtudes que desde el principio del mundo estaban reservadas para la que iba a ser TEMPLO DEL DIVINO HIJO, MARÍA VIRGEN, MARÍA INMACULADA.
 
       Y así, puesto ante Ella, le digo.
 
¡Dios te Salve!
Madre de Jesús resucitado
y por lo mucho que esperaste
y has amado,
tu bendito Hijo,
en el Cielo y a su lado
un trono te tiene reservado.
Serafines y querubines
y toda la angelical escolanía
allá arriba te esperan 
para ofrecerte amorosos
celestiales letanías.
¡Dios te Salve María!
¡Campanas de la Prioral!
¡Repicad con más vigor 
que pronto saldrá de ti
la Madre de mi Señor
con el nombre de Alegría!
Alegría que La desborda
al saberle resucitado;
Alegría que me desborda
cuando Te tengo a mi lado.
¡Dios te Salve María !
¡Reina de la Alegría!
¡Reina de este Puerto!
¡Tu Puerto de Santa María!

 
¡Gracias Puerto!
He dicho. 


Antonio Velázquez Garay
Texto extraído de la web del Consejo 
Local de Hermandades y Cofradías



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