martes, 27 de enero de 2015

PREGÓN DE 2011


Antes de pedir la venia para iniciar el Pregón, el Pregonero descubre que Jesús lo encuentra en distintos lugares y en las distintas representaciones de la Pasión en El Puerto, llegando a decir del Resucitado:

“tu me encuentras con un sudario arrastrado 
en el que la misma muerte reposa muerta.
En cuanto a ti, muerte,
a mí no me ganas con zafias astucias,
no me vas a atrapar con tus garras,
aun cuando segura estés de que me arrancarás la vida,
Mi Dios encarnado, mi Cristo encarnizado, mi Señor Resucitado
te derrocó de tu trono cuando en la cruz fue clavado.
Y aunque del mundo te creas dueña y señora,
mendigas la vida, te consume la mentira
y por su amor fuiste vencida.”


Para finalizar el Pregón dice:

“ Y al tercer día Resucitó. El lucero del alba vuelve a encontrar encendida la llama que prendiera en la noche. La Iglesia Mayor prioral, horas atrás anegada por la negrura, se deshace ya en resplandores de gloria, azuzados por ramas de olivos cuyo contoneo mece la mañana consagrada a la vida.

Ya no solo es un sudario, sino un ramillete de hábitos blancos los que cubren asombros e incredulidades. Y esta vez, a los pies de un sepulcro terminan nuestra penitencia y se inician nuevas sendas. Sus huellas ya no serán borradas por la arena, sino bañadas por las aguas eternas de nuestro renacimiento, de nuestros sueños cumplidos, de amores revividos, de nuevos tiempos.

La Puerta del sol romperá su cerrojo para abrir paso a la verdad y a la vida con mayúsculas. 

Y Cristo Resucitado será la luz que ciegue al Puerto. Vendrá a enseñarnos sus manos, por si andamos vacilantes, y aún no creemos que vuelve Resucitado. 

Los niños que con palmas le recibieron 
ya juguetean entre flores y candelería,
agarrándose a la saya de Nuestra Señora de la Alegría.
Madre, tu expresión parece contenida
y mi palabra se hace dulce,
saboreada en un Dios te Salve.

Dios te Salve, Reina y Madre
Dios te Salve Señora Mía
Dios te Salve, Virgen de la Alegría.
Dios te Salve, pues ya no lloras, 
sino que imploras en eterna sonrisa
la fe del mundo en nuestros días.
Dios te Salve María
danos tu gracia 
y llena de gozo nuestra vida.

Puerto de Santa María,
Cristo volverá en esta Semana Santa
a ser ese hombre sobre un pollino,
flagelado y afligido,
misericordioso y cautivo
orante entre olivo,
humilde, paciente y nazareno,
en Veracruz sostenido,
por la muerte sepultado,
y de vida revestido
en Gloria Resucitado.

Y volverá a recorrer El Puerto,
caminar sobre sus aguas,
recorrer sus calles y plazas,
insuflarnos la vida.
Y la madre se volverá a hacer Entrega,
abatida en su amargura
agarrará su Rosario
y en misterios dolorosos
aguará su hermosura.
Madre de Piedad,
expresión dolorosa 
y sacrificio de Humanidad,
Esperanza Marinera,
de desconsuelo hiniesta,
Dolorosa nazarena,
entre Consolación y lágrimas,
Soledad de soledades,
dormirás en tu agonía 
para despertar en la Alegría
y decirle al Puerto entero
que en su reinado la ampara,
que destierre ya sus miedos,
porque el niño de su alma,
el moreno de sus entrañas,
el que predicó con divinas palabras,
el que al enfermo da consuelo,
el que al moribundo acompaña,
el que con brazos abiertos
y destroza la aguadaña,
el faro de nuestro pueblo,
dispensador de claridades,
amansador de voluntad,
el que cada primavera
es labrado por escoplos de pasiones,
por afiladas gubias de oraciones 
y su piel se policroma de sol albariza y sal,
porque quiere ser portuense
y darte la mano, hermano.

Alégrate conmigo paisano,
que ya es inminente,
que está vivo, que no está muerto,
porque una vez más en esta semana santa
Cristo será, como lo fue, lo es y lo será siempre,
por los siglos de los siglos,
el Señor del Puerto."
 


Sergio Cíes del Pino.
Texto extraído de audio
de cuando arde la cera

Fotografías www.fiestasdelpuerto.com




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