domingo, 25 de enero de 2015

XVI ANIVERSARIO DE LA BENDICIÓN DE LA IMAGEN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO RESUCITADO


Recuerdos de juventud

Cuando recibo la noticia de que escriba un artículo para esta publicación en la revista de mi Hermandad me paro a pensar, puesto que no soy asiduo en estas labores, qué es lo que puedo escribir, qué transmito, qué digo... y como una bombillita de dibujos animados, de esas que se encienden en la cabeza, pienso que la mejor forma es expresar lo que siento cuando recibo la noticia, y los recuerdos son de alegría, felicidad, orgullo, ¿por qué no? Aquellos años noventa y pico, cuando con apenas 14 años tuve la tremenda suerte de entrar, casi sin saber por qué y medio de rebote, en este grupo de gente que ha sido una parte fundamental en mi juventud.

Recuerdo a muchas personas, unas siguen vinculadas, otras no tanto, otros se tuvieron que marchar fuera de la ciudad y alguno, como mi gran amigo José Mari, nos dejó demasiado pronto... recuerdo muchos momentos, muchísimos, no de la Semana de Pasión en sí, que también, por supuesto!! si no de lo que significaba aquello que estábamos viviendo y que con el paso de los años te das cuenta de lo importante que ha sido para la ciudad, para la Semana Santa y para nosotros mismos, aquello que con tanta unión, amistad, compañerismo e ilusión se estafa forjando.

Pasamos momentos malos por supuesto, pero la mayoría son buenos, muy buenos, en la calle Vicario, en la calle Luja, probablemente los mejores años en particular los pasé allí, era una convivencia sana, sobre todo en verano con la cocina improvisada, los juegos de cartas y las películas de videoclub acompañadas de los vídeos de Semana Santa, que no podían faltar. Las noches de ensayo, las Ferias, las barbacoas, las charlas con el que probablemente más apostó por nosotros y que tanto dio que hablar, sí, ese, D. Manuel Sánchez Mallou, siempre pendiente a lo que hacíamos, intentando que fuésemos por el buen camino. 

Pero sin duda, el recuerdo que mejor guardo, que lo tengo en mi cabeza como si fuese ayer, fue cuando llegó Él, al que tanto esperábamos, la actual imagen de Nuestro Señor Jesucristo Resucitado. Esa con la que tanto he hablado y tanto me ha dado, probablemente más de lo que merezco, siempre ha cumplido, no me ha fallado nunca, yo a Él sí, por eso aún después de todos estos años, cada vez que lo miro, me sigue entrando ese cosquilleo que sentí el primer día, esa sensación que me atraviesa el cuerpo, indescriptible por muchas palabras que escriba y que estoy convencido que me durará para siempre.

Así podría continuar, contando experiencias y sentimientos, pero probablemente os aburriría, así que mi intención es transmitir un mensaje: a los que aún estáis, no dejéis que la chispa, la ilusión y las ganas se os vayan nunca, y cuando sintáis que os pasa, pedid ayuda, a los que por un motivo u otro os alejasteis un poco más, olvidad las malas experiencias que el trato diario hacen inevitable. Yo, por mi parte, sigo buscándome, hablando con Él intentando ver qué me pasó. Lo que sí tengo claro es que lo vivido y lo sentido lo guardo muy dentro de mí, eso nadie me lo quitará nunca.


Pedro Monís



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