miércoles, 27 de agosto de 2014

PREGÓN DE 2006


¡Irremediablemente este año resucitaré en El Puerto de Santa María! Vendré al amanecer, porque siempre que es Pascua amanece. Me acercaré tembloroso a la tumba y la encontraré vacía estoy seguro, porque esa es la verdad más absoluta de mi fe. La losa quitada, el sudario por el suelo y el aroma inconfundible mezcla de calvario y de gloria. Ya nada será igual, su rostro se reflejará en el mar de nuestro Puerto, igual que lo hace en el agua que inunda la pila bautismal donde tiene su morada la Resurrección y la Alegría. Los dos tan cercanos, los dos siendo uno. No hay resurrección sin alegría, sin fiesta, sin júbilo, sin victoria, sin bautismo. Nacidos para ser hijos de la luz, hijos del día, nacidos de las aguas bendecidas, donde se trasparentan el rostro de un muerto que vive y de una madre que convierte el dolor en alegría. 
            La Prioral se hace río Jordán cada Domingo de Resurrección y en la capilla del batisterio la pila bautismal recita uno a uno los nombres de quienes están escritos en el libro de la vida. El resucitado resurge del sepulcro y de las aguas, porque a muerto el hombre viejo y renace como un niño a la luz nueva y definitiva. Su mirada es primicia para quienes creen que la muerte ha sido vencida. Su mano derecha es la de Dios mismo volviendo a bendecir como en un nuevo génesis. Su izquierda, me gusta, porque extendida busca otras manos, por si alguien quiere engancharse a su misma vida, salir de las tinieblas y apostar por la verdad, aunque duela.
          ¡Entonces todo es de color! El sol se hace testigo incondicional de la promesa cumplida y la espera tuvo razón de ser y no sólo mereció la pena sino también la alegría. Juegan las gaviotas al escondite, las cigüeñas hacen ruido y hasta llegan a gustarse con sus picos, las olas mecen la espuma, se agrandan las murallas orgullosas del Castillo, vuelven los recuerdos de infancia cuando aún la ilusión no se había perdido, salpican los buenos recuerdos, renacen las viñas besando la albariza, el arco iris anuncia que la tempestad se queda muda, se escucha la voz de los amigos que están o se han ido, la campiña es un mosaico de flores en la paleta de un artista y te sientes morir ante tanto derroche de Amor inmerecido.
  
          Domingo de Resurrección sabe a estación de penitencia recién cumplida, a heridas limpias, a espinas marchitas, a tercer día, a risas de niños, a jóvenes rebeldes que nadan contra corriente tras los valores auténticos que enriquecen, a hogar, a familia unida, a manos de abuelos surcadas por el tiempo que hablan de sacrificios, nostalgias y ausencias. Un domingo que me sabrá a nombre de niña que deseo adoptar si pudiera. Es Alba y con su nombre bautizaré los varales del nuevo palio de la Alegría del Puerto. Venció los golpes del tirano, luchó a dentelladas secas con la muerte y la noche terminó rendida ante la carita dulce de un angelito que desea acariciar la vida contagiada por el Resucitado. Alba es el triunfo de lo belleza, de la esperanza, de la alegría sobre quienes se aliaron con la tiniebla y dejaron de ser libres. Para ti mi niña este soneto mientras escucho el alegre compás de bambalinas tocando el cielo, porque estrena su palio la Alegría en el Puerto.

               Lo cumplió, lo dijo, al tercer día
rompió la noche, mudo el lamento,
calla la cruz, gime el pensamiento,
la tumba volvió a estar vacía.
               El Puerto resucita a porfía, 
la ribera feliz calla el viento,
la Prioral es la fe como cimiento
y cruza el umbral la Alegría.
               Un ángel niña, milagro vivo 
Alba venció al verdugo oscuro,
sabe a caricia, beso furtivo...
madre borra su trago amargo, duro,
que juegue con tu palio azul puro
Alegría El Puerto de ti cautivo.


Fray Martín Alexis González Gaspar O.P
Texto extraído de la web del Consejo 
Local de Hermandades y Cofradías



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