lunes, 23 de marzo de 2015

LA CUARESMA SEGÚN UN CAPATAZ


Entiendo que la forma de vivir la Cuaresma es algo unipersonal de cada persona, por encima de que se sea capataz, costalero, nazareno, miembro de Junta de Gobierno, etc…

Para mí personalmente la Cuaresma es un tiempo de renovación de ritos que hago desde que prácticamente tengo uso de razón. Me considero cofrade de base y de los denominados “jartibles”, por lo que para mí la Cuaresma es una época del año esperada y de gozo y disfrute absoluto, donde disfruto de todo tipo de actos cofrades (conciertos, cultos de hermandades, programas de radio y televisión…).

Pero el tema que nos atañe es el de la Cuaresma vista desde el prisma de un capataz. Vivimos en una época donde todo lo que rodea al mundo de la “gente de abajo” está en la picota de un amplio sector de las cofradías, y creo (opinión personal y fraguada desde el conocimiento y la experiencia de casi veinte años involucrado en el mundo de la costalería) que esta opinión nace desde el desconocimiento absoluto que se tiene de este mundo por una gran mayoría de cofrades y no tan cofrades.

Hacerse cargo de una cuadrilla de costaleros va mucho más allá de sacar a tu Titular a la calle un día determinado. Es un trabajo que se hace día a día, año a año; es la organización de un cuadrante; es la supervisión de un recorrido; el reparto de unos trabajos; y sobre todo es el trato humano a un colectivo de hombres que realizan un servicio desinteresado para mayor gloria de Dios y de su Santísima Madre. En definitiva es una labor que tiene una finalidad y un día claro, pero un trabajo en la sombra y en la soledad de cada uno que no se ve y que menos aún se valora.

Vaya desde estas líneas mi consideración y elogio a esos capataces que lucharon en otra época pasada mucho más dura que la actual, tanto cuantitativa como cualitativamente. Época que donde por circunstancias se tenía mucha menos técnica y sobre todo muchos menos hombres con  los que realizar tal desempeño; pero que con su esfuerzo, dedicación y cariño nos entregaron este legado que hoy disfrutamos y que no es otro que el OFICIO COSTALERO.


D. Francisco Javier Villanueva Pérez
Capataz del paso de
Ntro. Sr. Jesucristo Resucitado



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