viernes, 10 de octubre de 2014

LA RESURRECCIÓN EN EL ARTE


La Resurrección

Cada vez que entramos en un templo, es fácil encontrarnos representaciones con la iconografía de la Resurrección en diferentes formatos: esculturas o relieves, orfebrería, grabados, pinturas, etc. Uno de los más habituales es en las vidrieras. Muy populares durante el arte gótico, pervivieron durante el Renacimiento y el Barroco, decayendo paulatinamente hasta convertirse en un mero elemento complementario en la actualidad. Con una autoría no siempre documentada, cuando a veces lo están no suelen ser autores de reconocido prestigio. No es el caso que traemos hoy a comentar. Se trata del vitral sobre la Resurrección de la Catedral de Santa María de la Flor de Florencia, ejecutado en 1443 por el vidriero Bernardo di Francesco según diseño del pintor Paolo Uccello.

La primera mitad del siglo XV, fueron años de intensa actividad para Uccello, quien recibió diferentes encargos por parte de la Opera del Duomo de Florencia. Entre ellos pinturas, vidrieras y un reloj. La obra a la que hacemos referencia se encuentra ubicada bajo la famosa cúpula de Brunelleschi. Fue la primera de una serie de tres, todas referidas a pasajes de la vida de Cristo pero dentro de un contexto mariano. Previamente realizadas sobre cartón a una escala 1:1, su trabajo debía de ser apreciado en la época, pagándole por el mismo un precio similar al de otras pinturas de la catedral, lo que demuestra la estima que tuvo el autor en su tiempo.


Cristo resucita mientras se eleva del sepulcro abierto, con la tapa a su derecha, dividiendo la escena en dos. Se completa la composición con dos soldados que dormitan y otros pequeños elementos del paisaje, un melocotonero y piedras desbastadas. Cristo arquea su cuerpo por el movimiento, aparece vestido por un sudario blanco decorado con flores y agitado por el viento. De su cuerpo se desprenden rayos, símbolo de su esplendor, levanta la mano derecha en actitud de bendecir y mostrando las llagas de su crucifixión, mientras que la mano izquierda sostiene una bandera cruzada rojo sobre blanco. La figura de Cristo trasciende la mortalidad, flota sobre el sepulcro abierto. Los soldados aparecen tocados con el mazzocchio típico de los condotieros medievales. El marco se compone de espirales alternando con medallones con motivos geométricos que se parecen a las flores estilizadas.


El color juega un papel fundamental. No en vano, cuando entre la luz a través del cristal será cuando destaque resaltando el dibujo. Sobre todo prevalece el blanco, símbolo de la pureza de un Cristo que resucita a la nueva vida. El color claro realza el sentido de una visión espléndida. También hay toques de verde, color litúrgico de la vida nueva. Los colores brillantes prevalecen sobre el fondo azul. Los cristales que están detrás de Cristo aparecen rodeándolo, creando círculos concéntricos en azul que atraen nuestra mirada entorno a Él.

Uccello  fue un pintor a caballo entre dos estilos artísticos distintos, el tardo gótico y el renacentista. Aprendiz de Ghiberti, mantuvo una gran amistad con Donatello. Desde siempre manifestó una enorme fascinación por la perspectiva, derivando casi en una verdadera obsesión. La utilizaba para crear profundidad en sus pinturas y no meramente como un fondo sobre el que narrar diferentes historias, lo cual conllevaba que a veces tratara las formas con brevedad y jugara con esa técnica para conferir un carácter fantástico. Su técnica con el dibujo muestra una mente meticulosa, analítica, interesada en la aplicación de las leyes científicas de la época a la reconstrucción de los objetos en el espacio tridimensional.


Iván García de Quirós



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