lunes, 10 de noviembre de 2014

LA RESURRECCIÓN EN EL ARTE


RESURRECCIÓN

A lo largo de todas las obras comentadas, hemos visto como, en mayor o menor medida, las circunstancias que rodean al artista influyen en su obra. A pesar de estar todas ellas referidas a un momento glorioso y de júbilo, como es el de la Resurrección, epicentro del mensaje cristiano, no siempre el artista refleja connotaciones alegres en su obra. En el caso de la que comentamos este mes, el pasado vivido por el autor influyó de manera determinante en su obra; así como el lugar al que iba destinada.

Resurrección
Marian Bohusz-Szyszko

Hablamos de la pintura expresionista, Resurrección, del artista polaco Marian Bohusz-Szyszko, un óleo sobre lienzo del año 1969. Es la segunda vez que este autor trató este tema, ya que lo había hecho antes en su obra Tríptico de 1967, donde también recogía la Crucifixión y la Encarnación de Cristo. El resultado es similar, aunque en ésta segunda muestra una mayor concreción en sus pinceladas, una mayor calidez en su pintura, dejando a un lado los fondos oscuros propios de la Muerte de Cristo pero que continuaban levemente en la Resurrección, como una señal evidente de la interconexión irremediable entre ambos acontecimientos. Sobre el sepulcro abierto, en tonos tierra, y sobre un fondo azul oscuro, Cristo emerge con su brazo derecho en alto, mostrando la llaga de su mano izquierda abriendo la palma hacia el espectador, pie derecho en el aire pero el izquierdo aún en el suelo, la figura del Hijo que nos señala al Padre que está en el Cielo, y que sirve de puente entre ambos mundos. Todo ello rodeado de un aura en tonos blancos, amarillos y anaranjados; colores llamativos que transmiten una visión trascendente. Sin un rostro dibujado (ya que eso no es lo más importante), no es necesario mostrar la belleza divina, sino el momento jubiloso a representar. Su pintura se libera de los prejuicios de la pintura romántica, Bohusz revela la realidad, sin adornos. Ofrece su “testimonio” a través de la pintura.

La introducción en el arte religioso del enfoque moderno del color, no siempre fue fácil. Bohusz se tomó su tiempo para un proceso en el que la pintura le permitía iluminar a un ser pero sin recurrir a una fuente externa de luz. Su devoción la plasmaba con colores llamativos, creando una intensa espiritualidad, una visión extática donde todo es alegría y esperanza. Bohusz buscaba con su obra mover al espectador hacia un estado de gracia. Y es que, entre otras cosas, gran parte de su obra la concibió para el Hospicio de San Cristóbal, una residencia a donde muchos iban a pasar sus últimos días.  Algunos expertos consideran a este autor no sólo como un místico, sino también un materialista. Su forma de aplicar el color al lienzo, lo revela como un materialista que entiende la divinidad de la materia en la forma de un místico. Su expresión artística la mostraba como una necesidad interna, y no sólo a través del uso del pincel.

Bohusz, polaco de nacimiento, tuvo que servir obligatoriamente en el ejército durante la Primera Guerra Mundial. Durante la Segunda se alistó voluntariamente, tratando de frenar la invasión de Polonia por la Alemania Nazi. Capturado y luego liberado, se tuvo que exiliar a Gran Bretaña durante la época comunista, desarrollando allí toda su carrera y ayudando y orientando a otros pintores polacos en el exilio, fundando la Asociación de Artistas Jóvenes Polacos. Allí conoció a la doctora Cicely Saunders, quien había fundado la institución de los hospicios, destinados a recibir pacientes terminales con enfermedades crónicas y a los que aplicaba tratamientos paliativos que les permitieran tener un final de sus días lo más tranquilo posible. Por todo ello, es fácil comprender que este artista expresionista encontrara un campo abonado donde mostrar su obra con una fuerte carga religiosa, haciendo hincapié en distinguir la Muerte, rodeada de colores oscuros y azules, de la Vida, envuelta en blancos y amarillos.

No debemos olvidar que los autores expresionistas desarrollaron su arte condicionados por las circunstancias históricas que les tocó vivir. El concepto del Arte como manifestación plástica del interior del artista, como forma de expresión de su manera de entender la vida, es la definición más clara que podríamos hacer del Expresionismo, la deformación de la realidad para expresar de forma más subjetiva la naturaleza y el ser humano, donde destacarían ante todo los sentimientos del artista por encima de la descripción objetiva de la realidad que le rodea. Es una idea ambigua y confusa (por aquello de ser completamente subjetiva), que rompía radicalmente con todo lo que se venía haciendo con anterioridad, que se basaba más que nunca en lo que el artista llevaba dentro, desligándose de la necesidad de respetar las proporciones, los colores o la disposición de aquello que le rodeaba.

Iván García de Quirós.



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